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Geopolíticas de andar por casa
Un polideportivo, un hotel de lujo, varios hoteles rurales, olivares de secano, una
oficina de turismo, tres lagunas, olivares de regadío, una antigua zona de viñas de uso
residencial, flamencos, alguien recuerda haber visto una avutarda, un polígono
industrial, olivares en espaldera, una estación de AVE abandonada a medio construir,
un hospital comarcal, cuatro museos cuatro, diez iglesias, cinco rotondas, tres palacios
abandonados, cuatro urbanizaciones, una rotonda con un olivo centenario.
La construcción del paisaje en un entorno semi-rural acumula rápidas secuencias de
planes urbanísticos atropellados, que se superponen a posos de historia y entornos
geográficos alterados. Decisiones geopolíticas resueltas en despachos ovales
determinan cuestiones como el decrecimiento de un tipo de agricultura tradicional o el
auge de un turismo rural asequible a la ciudadanía atropellada de la ciudad. El viejo
casco histórico se deja deteriorar por la facilidad de las nuevas construcciones; la vida
acelerada de coche y carretera impide pensar en otras posibilidades de organización.

Pueblos que son paradigma de cualquier mediana población del
mediterráneo. Las siluetas creadas lentamente entre el medievo y la
preindustrialización, se han visto alteradas rápidamente a finales del siglo XX, forzando a la población a transformar sus modos de vida locales en una especie de espejismo de la globalización. La expansión mediante carreteras, polígonos industriales y centros logísticos de distribución se ha prodigado de manera desproporcionada alterando los ritmos cotidianos.
El decrecimiento necesario convertirá en ruinas las innecesarias aspiraciones de
futuro.
Rocío Arregui